Manifiesto por la paz ante la escalada de tensión en Ucrania

Izquierda Unida de Rivas Vaciamadrid y Podemos Rivas Vaciamadrid expresamos nuestra enorme preocupación por la sucesión de acontecimientos que han elevado en los últimos días el nivel de tensión entre Rusia, por un lado, y EE.UU y países adscritos a la OTAN, por otro.

Esta organización, la OTAN, es una herencia de los peores momentos que ha vivido la Europa de postguerra: los de la Guerra Fría. La OTAN se creó para mantener una estrategia de la tensión armada contra el entonces llamado Bloque del Este. El incremento armamentístico y la naturaleza del armamento almacenado por sus países miembros puso en peligro el territorio de los países que ahora formamos la Unión Europea. No queremos que nuestros territorios sean de nuevo un posible escenario de confrontación en la que los pueblos perderían su libertad y sus vidas estarían en riesgo.

En este 2022 en que el mundo sigue afrontando la pandemia y la emergencia climática apostamos por la cooperación entre países, pueblos y personas. No tiene sentido que ahora la OTAN se extienda a Ucrania y Georgia por intereses de EEUU. Algo que es percibido como una amenaza militar por Rusia, lo que añade más tensiones a una zona que ya ha sufrido demasiado.

Las tensiones entre EEUU y Rusia no pueden trasladarse dentro de la UE porque saldríamos perdiendo todos y todas. No puede ser tampoco el momento en que desde dentro de la UE se use el momento de tensión para hacer avanzar posturas que poco tienen de europeístas. Al contrario, es el momento de la política internacional con mayúsculas.

La UE debe apostar por seguir construyendo una postura coordinada y común entre las diferentes sensibilidades de los países bálticos y del Este de Europa y Alemania, Francia, Italia y España. En este sentido, creemos que es el momento de llevar a la práctica lo discutido estos años sobre autonomía estratégica. Es decir, poder tener políticas independientes que nos permitan defender nuestros propios intereses y valores en política exterior, comercial, de defensa o de derechos humanos. No los de determinadas superpotencias por la necesidad también de controlar recursos cada vez más escasos a nivel mundial.

Por todo ello, decimos “No a la guerra”. Un grito que clamó gran parte del mundo en 2003 y que recuperamos como rechazo a que España colabore en apoyar esa escalada de tensión militarista y belicista. Las unidades navales y de cualquier otro tipo enviadas a la zona del Báltico deben volver a sus bases. La alternativa a ese movimiento armado debe ser la construcción de ese mensaje de cooperación entre pueblos, en lugar de confrontación entre gobiernos y ejércitos. Porque este conflicto solo puede resolverse desde el diálogo, la desescalada y el convencimiento de que la paz es el único camino.

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